Atención y concentración: Una desatención puede ocasionar la pérdida de la partida. Por lo tanto, el ajedrecista debe mantener un altísimo grado de atención y concentración durante la misma. Este mejoramiento en la capacidad de concen-tración se llega a manifestar también en otras áreas de desempeño de la persona.
Análisis y síntesis: Durante la partida de ajedrez, el jugador se enfrenta en cada jugada a múltiples opciones. Ello hace que deba analizar múltiples alternativas de respuesta y sintetizar cuál es la más apropiada, desarrollando a la vez un pensa-miento crítico.
Memoria: Muchas de las repuestas pueden basarse en la experiencia o el conocimiento del ajedrecista de posiciones similares jugadas o estudiadas en otras partidas.
Resolución de problemas y toma de decisiones bajo presión: Deben también tomarse importantes decisiones sobre la estrategia a seguir bajo presión de tiempo.
Creatividad e imaginación: el ajedrecista debe imaginar posiciones distintas a la que está presente en el tablero y definir estrategias que le permitan llegar a ellas.
El razonamiento lógico-matemático: Algunas investigaciones han mostrado una importante correlación entre la práctica del ajedrez y el mejoramiento de las habilidades lógico-matemáticas en los niños y jóvenes.
Control emocional: El ajedrez también permite al niño aprender a controlar sus sentimientos de frustración ante la derrota y convertirlos en energía positiva para enfrentar el próximo reto superando los errores cometidos.
Sentido de transparencia: El jugador no puede echarle a nadie la culpa de sus errores. Son sus propias capacidades y acciones las que determinan su desem-peño. El jugador debe aprender a ser honesto e íntegro consigo mismo y con quienes le rodean. En el ajedrez se promueve la honestidad y la integridad del jugador.
Adaptabilidad: Durante el transcurso de una partida se presentan múltiples situaciones inesperadas, que exigen al jugador adaptar sus estrategias de acuerdo a la nueva situación en el tablero de juego.
Sentido de logro y autoestima: el ajedrez es un combate mental en el que para mejorar hay que empezar dominándose a sí mismo e ir subiendo el nivel de juego mediante estudio, esfuerzo, experiencia y práctica. La suerte no es un factor de importancia en el juego; es el mejoramiento de las habilidades y el conocimiento del jugador el que le hará mejor. Esto hace que conforme se vaya mejorando en el juego se vaya incrementando la autoestima de la persona y se vaya tomando más confianza para aprender y enfrentar otras situaciones y campos de acción.
Iniciativa: el éxito en el ajedrez requiere de mucha iniciativa durante el desarrollo del juego.
Empatía: en el ajedrez es muy importante comprender la estrategia del oponente e interpretar sus emociones para anticiparse a su estrategia y acciones.
Trabajo en equipo y colaboración: a pesar de ser un juego individual, en ajedrez existen torneos que se juegan en equipos de 4 a 6 personas. En estos torneos el desempeño global depende de todo el equipo. Para tener éxito se desarrolla un trabajo de colaboración entre todos los miembros del equipo, previo a las partidas. También, es práctica común en los torneos de ajedrez el que los jugadores analicen las partidas después de finalizadas, lo cual es un trabajo ejemplar de colaboración para el mejoramiento del oponente.
Las principales fuentes bibliográficas utilizadas en este artículo son las siguientes:
Olías, José María, Desarrollar la inteligencia a través del ajedrez. Colección “Hacer Familia” n. 46. Ediciones Palabra, Madrid 1998.
Blanco, Uvencio, Preajedrez. Ediciones del Ministerio de Educación de Venezuela, Caracas 2004.